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4/05/2009

UNA HISTORIA MUY INTERESANTE


Ésta, es una historia larga. Léela sólo si tienes tiempo y ganas de entenderla. Gracias
Se asoma la luna en el cielo oscuro. Todos duermen. Despacio y silenciosa, me levanto de la cama y me acerco a la cocina. Me aseguro de que nadie me ve, ni me oye. Abro el horno y veo una gran fuente con comida, que Laura, ha preparado para mañana, para toda la familia. Parece un guiso de carne con tomate, pero bien podría ser otra cosa, pues cualquier alimento sirve para el propósito. Mi corazón late deprisa porque no quiero ser descubierta. Cojo una pieza de carne con las manos temblorosas, y la engullo, me la trago. Eso ha sido mi perdición. Ya no puedo parar. Cojo otra pieza de carne, la engullo, me la trago, y pienso que: -Hoy es Hoy- -Ahora es Ahora, y Ahora, necesito saciarme hasta reventar. -Mañana pasará lo que tenga que pasar- Eso no importa.

Varios minutos después, sólo quedan 3 pequeñas piezas de carne, en la fuente de cristal. Me gustaría comérmelas, pero hay que dejar algo de comida para disimular. ¿Cómo dominarme? Con el estomago lleno, cierro el horno y me vuelvo a la cama, llevándome un sentimiento de culpabilidad enorme y unas ganas de llorar, incontenibles. Sé, que lo que hago no es normal. Estoy enferma. Soy bulímica, pero nunca he oído hablar de esta enfermedad, y mi familia tampoco. Acostada, con las sábanas tapándome la cabeza y los ojos empapados en lágrimas, siento la soledad de mi mundo, derrota, desolación, una tristeza que me lleva a ‘desear morir’. En esta ocasión, tampoco he sido capaz de ganar a ese, mi deseo voraz. A esa fuerza que me impulsa a tragar los alimentos, casi sin masticar. Ya no disfruto comiendo, es algo que me asusta. Me gustaría vivir sin comer. No hago otra cosa que pensar en mi cuerpo y en mi peso. Odio los espejos y las básculas, la ropa y la comida. Hace poco tiempo, perdí a mi hermanita, una de las personas más importantes de mi vida. Mi alegría, mi amiga, la ilusión por ver cómo crecía. La recuerdo y me duermo sin darme apenas cuenta. A la mañana siguiente, me levanto con la cara un poco hinchada. No sé muy bien qué me duele (las venas, los músculos, el cuerpo...). Me encuentro mal. Disimulo delante de mi familia pero todos saben que he sido yo la que ha vaciado la fuente. No dicen nada, se callan, lo dejan pasar.

SIN EMBARGO,
LOS DIAS VAN,
LAS NOCHES LLEGAN,
LA VIDA SIGUE, y...

...ya no vivo con mi familia. Comparto piso con otras chicas. Continúo enferma y nadie más lo sabe, excepto yo. Hoy, siento otra vez ese ansia por comer, más que ayer. Cojo mi mochila de gimnasia y me voy a la calle a comprar alimentos, chucherías, marranadas con las que llenar el estómago. Paso por una pastelería y me compro 2 bollos y unas chocolatinas. Siempre suelo disimular ante el pastelero y le pido con vergüenza, esto y aquello, porque me siento como observada, y yo no quiero que nadie se dé cuenta de lo que me pasa realmente. Es una percepción mía. En realidad nadie sospecha nada. ¿Por qué iban a hacerlo? Estoy en un peso más o menos normal, quizá un poco rellenita, pero tengo buen aspecto. Sin embargo, en mis ojos......, por eso me cuesta tanto sostener, fijar la mirada, cuando hablo. Mis párpados están algo caídos por la hinchazón, el sufrimiento, mis continuas derrotas, los lloros. Mis manos también delatan la enfermedad. Están secas, frías y pálidas. Los nudillos a veces son rojos y se notan arañados por los dientes, porque cuando quiero vomitar me meto los dedos, el índice, el corazón y el anular, en la garganta, muy adentro. En mi paseo, compro más comida, entro y salgo de un supermercado, para entrar en otro nuevo. De esta manera es más difícil que alguien pueda sospechar. -¿Pero qué hago?- Estoy guardando provisiones para llevar a mi cuarto, muchas provisiones. La mochila casi está llena. Ya he terminado de comprar. Como no hay ascensor, subo las escaleras de casa a pie, una a una. ¡Uf! Lo que me cuesta! ¡Qué mal estoy!. Abro la puerta y mis compañeras me saludan. -¡Hola! me voy a estudiar- digo yo, bastante maleducada. Entro en mi cuarto y cierro la puerta con llave. Me encierro. Ya estoy en mi mundo. Deslizo la cremallera de la mochila y veo toda la comida: bollos, queso, chocolate, empanadas,........., y un pequeño papel que he escrito, para superar los malos momentos como éste: “Lucha, lucha, lucha.” Pero no lo resisto. Me rodeo de alimentos y vuelvo a perder. Han sido tantas las derrotas... Delante de la comida soy tan débil... ¡Odio la comida! Cojo un bollo de crema, un suso, lo engullo, me lo trago. Eso ha sido mi perdición. Ya no puedo parar. Cojo un sándwich de tortilla, lo engullo, me lo trago. He comido demasiado y me siento culpable. Escucho a través de la puerta. Mis compañeras hablan. Guardo todo debajo de la cama. Disimulo y me voy al baño, a vomitar. Después, cuando he terminado, a toda prisa, escondo las manos y me vuelvo a encerrar en el cuarto, hasta el día siguiente. ¡Qué chica tan solitaria soy! El sueño brilla por su ausencia. Me despierto infinidad de veces y las pesadillas no me dejan descansar. Tengo tantos miedos y tantos complejos... Al día siguiente, como de costumbre, me vuelvo a levantar con la cara un poco hinchada. Tampoco puedo ir a clase hoy, así. Llevo ya 3 meses sin pisar la Universidad. No puedo ir porque la última vez que me vieron mis profesores y amigos, pesaba 8 kilos menos, y no quiero llamar la atención. ¡Qué ridículo haría!. Todavía creo que algún día conseguiré ganar yo sola, esta batalla mía, tan extraña. -¿Sin ayuda?- Es tanta la presión que siento. Todas esas chicas cuerpo doce, las revistas de moda, el chico que me gusta que pasa olímpicamente de mí, mi hermanita muerta,....son tantas cosas.
Por fin, me pongo un plazo y decido ir a la universidad, como mucho en 2 semanas. Antes, necesito adelgazar 8 kilos para estar igual que antes, pero, ¡bah! en 2 semanas tengo tiempo de sobra. -¿Qué hago? ¿Cómo lo voy a conseguir?- Pues ya está. He decidido no comer absolutamente nada durante 10 días seguidos. Sólo, agua, agua, agua, tabaco para matar el tiempo y unas pastillas de esas que venden en la farmacia, para saciar el apetito. Un gran reto. ¿Lo conseguiré? Para llevar a cabo el plan, lo mejor será no salir a la calle. Bueno, igual un día salgo para pesarme, pero nada más. Eso será lo más llevadero. Me encierro en mis cuatro paredes y únicamente salgo del cuarto para llenar la botella de agua y tirar las colillas del cenicero por el desagüe (cuando no me ven). Del cuarto al baño, del cuarto al baño... La cocina está prohibida totalmente.)

•–1er. día sin comer–•
Me cuesta horrores no probar bocado, pero finalmente puede más la fuerza de voluntad, y lo consigo. ¡Qué día tan terrible el de hoy!
•–2º. día sin comer–•
Me sigue costando una barbaridad, pero total,...un día más. Yo puedo. ¡Qué tristeza!

•–3º. día sin comer–•
Mis compañeras me llaman. Están preocupadas. Les digo que me encuentro mal por la menstruación. ¡Mentira! ¿Qué menstruación? Hace mucho tiempo que no sé lo qué es eso.
•–4º. día sin comer–•
He bebido cinco litros de agua. Voy a salir a la calle. (No os engañéis. Va a la farmacia, a pesarse. Ha perdido 3 kilos y medio, ya.) Éste es el camino. Estoy adelgazando al ritmo que esperaba. ¡Qué hambre!

•–5º. día sin comer–•
El estómago no para de hacer ruidos. Mejor dormir, dormir, dormir...
•–6º. día sin comer–•
¡Qué hambre! Qué frío!. Estoy muy débil. Duermo y fumo. Nada más.

•–7º. día sin comer–•
¿Quién me puede ayudar? Ya no tengo ganas de fumar. Sólo quiero dormir. ¡Qué mal sabor de boca! Estoy triste.
•–8º. día sin comer–•
Me ha salido una herida en la barbilla, y me sangran las encías. ¿Tendré que ir al médico por esto? (Se levanta de la cama y se va a la farmacia, otra vez. La báscula marca 5 kilos menos. Es increíble, lo está consiguiendo. Cuánto más delgada, mejor y más contenta. Hasta que el cuerpo aguante, ese es su lema.)

•–9º. día sin comer–•
¡Qué mala cara! Me mareo. Tengo calambres musculares en las piernas y en los brazos y la herida de la barbilla está peor que ayer. (Piensa en sus amigos de la Universidad, en su hermanita y en su familia. ¡Qué soledad! ¡Qué ganas de morir!)
•–10º. día sin comer–•
¡Oh! Bien. Peso casi 7 kg menos. ¿Puedo decir que he conseguido llegar a la meta? ¡Sí! Soy una campeona. ¿Qué ropa me pondré para ir a la Universidad y estar guapa? (Es tremenda su obsesión por el cuerpo.)

•–11º. día comiendo algo–•
¡Mmm! Creo que hoy voy a comer una fruta. Me lo merezco. ¡Con cuidado! una manzana con vinagre para que engorde menos. El miedo al descontrol no lo he perdido. Mis compañeras de piso están alucinadas y amenazan con llamar a la dueña de la casa. Es evidente que he perdido bastante peso en poquísimo tiempo, pero que me dejen en paz, !Qué sabrán ellas lo qué me pasa, o lo qué me deja de pasar!. (¡Qué carácter! salta por cualquier cosa. Se está quedando sin amigos.)
SIN EMBARGO,
LOS DIAS VAN
LAS NOCHES LLEGAN
LA VIDA SIGUE, y...

...es el día "Universidad". ¡Qué nervios! Nada más entrar al aúla nº 7, los profesores y amigos me dicen que estoy en los huesos. ¿Estás enferma? -¡Qué va!- digo yo.- Con estas ojeras tan pronunciadas, la cara tan demacrada y esta herida en la barbilla, que delata las defensas bajas, ¿qué otra cosa podía hacer? Utilizar medio bote de maquillaje. Después, me voy a hablar con uno de los profesores y me dice que he estado muchos meses sin asistir a clase, que lo mejor es: ¡Horror! Repetir curso. ¡Snif! Y yo que pensaba que era una campeona, resulta que he perdido un curso. Además, no estoy curada porque me reprimo constantemente y en cualquier momento la bomba puede volver a estallarme. ¡snif!
-¿Que contaré ahora a mi familia, a los pocos amigos que me quedan? Con toda probabilidad una milonga.- Y es cuando vuelvo a caer, deseo morir, o no ser yo,....¿Quién sabe?

SIN EMBARGO,
LOS DIAS VAN
LAS NOCHES LLEGAN
LA VIDA SIGUE http://www.ciao.es/Por_la_letra_B__Opinion_572258